JOSÉ TOMÁS PÉREZ RODRÍGUEZ :
Manuel Centeno, hecho de quebrahacho

Al hablar de operaciones petroleras debemos poner en alto el nombre de Manuel Centeno, hombre de esta industria quien al ingresar a ella inmediatamente se ganó la confianza de los gerentes de esta complicada actividad.
Manuel Centeno nació en la ciudad de Nuestra Señora de El Pilar de Barcelona. Hijo de Carmen Teresa Centeno y José Ramón Russian, creció en un hogar limitado económicamente pero rico en amor y buenas costumbres. La férrea y a la vez amorosa crianza forjó en él su inefable personalidad llena de valores morales. En este pueblo de costumbres rurales, Manuel desarrolló sus habilidades físicas y cognitivas en el cercano campo, ayudaba a sus padres en las tareas cotidianas y estudiaba primaria bajo la tutela y enseñanzas del maestro Enrique Chacín y la maestra Luisa Gago de Chacín, nativa de Aragua de Barcelona. Pronto se destacó como el mejor alumno de la clase.
Buscando nuevos horizontes de vida, a la temprana edad de 16 años se vino a la ciudad de El Tigre donde adquirió un automóvil fiado y se dedicó a cargar pasajeros. Después de la jornada solía reunirse con otros choferes en la redoma que bifurca las avenidas Miranda y Peñalver. En una tarde uno de ellos asomó la idea de venerar a la Santa Cruz lo cual fue aprobado unánimemente y entre todos mandaron a construir una cruz de madera. El pueblo empezó a llamar el sitio como La Cruz de los Choferes, tal como se le conoce y este es su origen.
Obtuvo trabajo en la compañía Mene Grande Oil Company. Pronto se ganó la confianza de los supervisores. Su valor en el trabajo, sus ansias de aprendizaje y su regia personalidad le permitieron ascender rápidamente en la Industria petrolera. Se inició como obrero y fue escalando posiciones hasta alcanzar el máximo cargo laboral, supervisor mayor, el cual ejerció hasta su jubilación en el año 1987.
Consolidado como destacado trabajador, conoció a la señorita Orfelina Cova, maestra nativa de Aguasay. Se prendó inmediatamente de ella quien le correspondió al declarado amor. La boda se realizó el 20 de diciembre de 1955, en la ciudad de Aguasay. De esta unión nacieron Marvelyn, Yaritza e Ivelys, todas profesionales universitarias y quienes les han dado 7 nietos y dos bisnietos. Manuel Centeno siempre tuvo como norte la educación plena de sus hijas y entre su esposa Orfelina y él,  con una rígida crianza, les inculcaron  principios morales lo cual funcionó a plenitud haciendo de ellas mujeres de valía.
El éxito de Manuel Centeno va más allá de los cargos que tuvo en la industria petrolera, él se empeñó en estudiar en sus ratos libres las técnicas y prácticas de la Ingeniería, leía todo los libros que estaban a su alcance, consultaba y discutía con ingenieros de confianza y aprendió mucho de esta ciencia. Ponía en práctica todo lo aprendido y lo enseñaba a sus supervisados.
La Gerencia de Producción le asignaba la responsabilidad de entrenar a ingenieros recién empleados y muchos de ellos alcanzaron altos cargos gerenciales y el rango de directores. Cuando había un problema difícil de resolver, la Gerencia lo convocaba a las reuniones correspondientes para consultar su opinión la cual siempre era acertada, dando con la solución más viable.
Aplicando sus vastos conocimientos e inconmensurable experiencia, escribió varios libros técnicos para Pdvsa, compartiendo así con todos los interesados en aprender; entre ellos: 1. Técnicas para el uso y manejo de calentadores y tratadores, 2. Tratamiento de crudos, 3. Operaciones de campo, 4. Completación de pozos, 5. Separación de gas y petróleo, 6. Separación de petróleo y sedimentos y otros folletos técnicos.
Hoy, más que nunca, extrañamos la mística de trabajo, el denuedo, la sapiencia, responsabilidad, abnegación, voluntad, inteligencia, entrega, actitud, liderazgo, comprensión, trabajo en equipo, resiliencia, amistad, amor y otras virtudes que posee Manuel Centeno para colocar a Venezuela en el pedestal que merece.