María Griffith:
Los cambios son difíciles

Esta es una opinión tan ampliamente aceptada, que muchos no nos preguntamos si es cierta o no; y la mayoría ve el cambio como una montaña difícil de escalar. Sin embargo, es muy común, generalmente en año nuevo, que hagamos una lista de objetivos y metas a cumplir, que casi siempre abandonamos en el primer mes de haberlas planteado, y únicamente aquellos que lo han intentado al menos seis veces consiguen tener el éxito en lo que se han propuesto.
A nivel empresarial, también son difíciles los cambios y el logro de objetivos, a pesar de todos los libros sobre negocios que presentan fórmulas rápidas, y predican soluciones para los directivos que buscan vías veloces para motivar al personal que se resiste; son libros que se convierten en best-sellers; pero esas fórmulas en la práctica, al igual que las personas terminan fracasando.
Contrariamente a la opinión general y a las estadísticas, el cambio ya sea personal o en los negocios, no debería resultar ni doloroso, ni inalcanzable; y tampoco debe ser una respuesta radical a una situación grave, siempre y cuando se cumpla con dos variables importantes: Estar plenamente convencido de que se requiere y debe hacerse, y estar comprometido con el cambio a efectuar, haciendo pequeños pasos constantes y continuos hasta alcanzar el más complejo de los objetivos.
Pero aunque parezca simple, el mundo en general odia el cambio, sin darse cuenta que ha sido el gran impulsor del progreso, y especialmente hoy en día cuando vivimos en un momento de la historia donde el cambio es tan acelerado, que en cuanto empezamos a ver el presente, ya ha desaparecido. La vida cambia; pero… ¿Cuándo cambiamos nosotros?
¿No tengo tiempo? ¿Estoy demasiado ocupado? ¿Mañana comienzo? Son meras disculpas, sin darnos cuenta de que nada ni nadie cambiará, si no cambiamos nosotros. ¿Quieres hacerlo?  ¿Puedes hacerlo? ¿Por qué no lo haces?
 En primer lugar, las expectativas deben ser reales y las metas alcanzables; debemos tener la posibilidad de que se pueden lograr. ¡Querer es poder, que se pierde al no querer! Y si tenemos sueños; pero no estamos dispuestos a despertar, y a pagar el precio para hacerlos realidad, siempre tendremos que apelar a las disculpas estériles, para auto-justificar nuestra falta de voluntad y constancia, y el compromiso firme de cambiar, para así mejorar nosotros, y la sociedad en que vivimos.
¿Tienes miedo al cambio? ¿Te falta coraje? No busques culpables o excusas, mírate al espejo: ¡El culpable eres tú!
https://profmariagriffith.wordpress.com/