ANDRÉS YÁNEZ :
¿Qué tan estresado está actualmente?

( Parte XII)
Decíamos que  lo más importante es la interpretación mental o valoración cognoscitiva que hagamos en el estrés, la cual es a menudo la que desencadena o suprime la respuesta autónoma. Por lo general no se selecciona la respuesta directamente, por ejemplo; “he decidido asustarme con esto”, ni se instruye a las suprarrenales, la tiroides, el hígado y todas las demás glándulas para que hagan su trabajo. Sin embargo, es la valoración que cada individuo hace consciente o inconscientemente de las diferentes situaciones, experiencias o vivencias como algo amenazante o no amenazante lo que alerta o alarma al sistema nervioso autónomo. Algunos individuos tienen sistemas nerviosos autónomos que se alarman al menor signo de amenaza, mientras que otros requieren de situaciones muy amenazantes para que se disparen los dispositivos de alarma en el sistema nervioso autónomo. Hay razones temperamentales como razones aprendidas para esto. El hecho es que nuestras reacciones en el nivel cognitivo influyen sobre lo que sucede en el nivel fisiológico de manera que al cambiar en lo posible estas reacciones, podemos ayudar a reducir la actividad autónoma innecesaria.
Bajos niveles de estrés parecen ser psicológicamente beneficiosos. Agregan interés a la vida, nos ponen adecuadamente alertas, nos ayudan a pensar más rápido, a trabajar de modo más intenso, y nos alienta a sentirnos útiles y apreciados, con un propósito definido para nuestra vida y objetivos precisos para alcanzar. Sin embargo, cuando el estrés va más allá de los niveles óptimos, agota nuestra energía psicológica, deteriora nuestro desempeño y a menudo nos deja con un sentimiento de inutilidad y subestima, con escasos propósitos y objetivos inalcanzables.
Los efectos del estrés excesivo van a variar de un individuo a otro, pero en términos generales se presentan en diferentes áreas de la actividad mental; efectos cognoscitivos, efectos emocionales, efectos conductuales. Los efectos  cognoscitivos del estrés excesivo se van a manifestar con un decremento del periodo de la concentración y de la atención, con dificultad para mantener la concentración, y disminución de la capacidad de observación. Cognoscitivamente encontramos también un aumento de la distraibilidad, donde frecuentemente se pierde el hilo de lo que se está pensando o diciendo, incluso a media frase. De la misma manera se produce deterioro de la memoria a corto y a largo plazo, reduciéndose el periodo de la memoria, disminuyéndose el recuerdo y el reconocimiento aún de material familiar. La velocidad de respuesta se vuelve impredecible, en la mayoría de las veces se reduce y con los intentos de compensarla pueden conducir a decisiones apresuradas, lo que puede conllevar a un aumento de la frecuencia de errores, incrementándose los errores en las tareas cognoscitivas, volviéndose las decisiones inciertas. Cognoscitivamente se produce deterioro de la capacidad de organización y de la planeación a largo plazo, no pudiendo la persona evaluar con precisión las condiciones existentes, ni ver sus consecuencias.